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Unas palabras ante ¿ el tercer milenio?

Ya sabéis que no soy una persona de grandes creencias, ni de muchas certezas. Soy, eso sí, una persona de firmes "convicciones" y de firmes "incertidumbres". Entre mis convicciones la de que no existe el absoluto, ni el blanco, ni el negro.

Dificilmente encuentro tesis o planteamientos que me llamen la atención por lo que afirman, pues casi nunca terminan de convencerme del todo.

Sin embargo, hay ocasiones en las que tropiezo con afirmaciones, teorias o suposiciones, que tomadas como puntos para la reflexión, en cuanto a ideas inciales de una elaboración personal, son sumamente valiososas.

Os copio abajo un texto, con cuyas suposiciones, afirmaciones, intuiciones y proposiciones, estoy de acuerdo en un porcentaje razonablemente elevado. Es un poco largo, y hay que leerlo hasta el final.

Unas palabras ante ¿el tercer milenio? 

                          
Roberto Fernández Retamar

 

El mero uso de la expresión “tercer milenio” indica que hemos aceptado, en algo tan fundamental como las articulaciones del tiempo, la perspectiva occidental, la perspectiva de una de las muchas culturas que ha conocido la historia. Pregúntese hoy a un auténtico vietnamita, un auténtico maya o un auténtico hebreo (para mencionar sólo unos pocos casos, y evocar sólo preguntas que he hecho), y responderán lo que es obvio: que para ellos la Humanidad en su conjunto no está ante su tercer milenio, pues hay otras formas de medir el tiempo. Nosotros, sin embargo, nos valemos normalmente de aquella expresión. Y también normalmente nos valemos de idiomas que en cierta forma tienen similares raíces. Bien sabemos que esos instrumentos intelectuales empezaron a ser trasvasados hace quinientos años a este Hemisferio donde vivimos. Y aunque ello muestra nuestros inocultables orígenes coloniales, no nos corta del resto de los seres humanos. Por el contrario, nos vincula a ellos. Volvamos por un instante a la cuestión de los idiomas.
Español (que antes se llamó castellano) y portugués (que es la otra cara del gallego) fueron, como sabemos bien, dialectos que hace cosa de un milenio se desgajaron (es un decir) del latín. Y a su vez el latín se desgajó de una lengua previa, llamada a posteriori “indoeuropea”, de la que proviene la mayoría de los idiomas hablados hoy en Europa, con excepciones como el vasco (que probablemente ya se hablaba cuando llegó el “indoeuropeo”), el finés y el húngaro, cuyo antepasado fue llevado por las invasiones mogólicas: no en balde “Atila” es nombre simpático en húngaro. Del “indoeuropeo” provienen también lenguas asiáticas como el persa y el sánscrito. Ni siquiera sabemos cómo llamaban al “indoeuropeo” los que lo tenían por lengua materna. En general, es bien poco lo que se conoce de él. Saussure, quien no sólo echó las bases de la lingüística moderna (lo que no hace al pobre culpable de las gansadas dichas después supuestamente a su estela), sino que además fue una especie de Mozart de esa disciplina, no había cumplido aún veinte años cuando dio a conocer su Memoria sobre el vocalismo indoeuropeo, que reveló el sistema vocal de aquel idioma. Y algún sabio imaginativo (como suelen serlo los mejores) se atrevería después a conjeturar cómo debió ser una fábula indoeuropea. Pero sabemos menos de esta lengua que de los dinosaurios. Sabemos, sí, que éstos existieron hace millones de años, y aquélla hace millares. Sólo que si unos se extinguieron, de la otra no puede decirse en rigor que se extinguió (como sí se extinguieron el hitita o el córnico, pues no dejaron descendencia conocida), sino que se transformó. ¿Qué fueron el sánscrito, el persa, el griego, el latín, el germano, el sajón, sino formas que, en épocas recientes, asumió el “indoeuropeo”? Y el español (como el gallego, el catalán, el francés, el italiano o el rumano), ¿qué son sino formas que asumió el latín? Por lo que, cuando en nuestra América nos valemos del español y el portugués, que durante la mitad de sus vidas hemos reelaborado también nosotros, no hay manera de que nos sintamos utilizando una lengua extraña. En ambas orillas del Atlántico tenemos el mismo derecho a decir que somos dueños de idiomas que, en última instancia, con respecto al “indoeuropeo”, son para decirlo con un término del venerable sánscrito, avatares suyos.
Las lenguas en forma alguna están maridadas con etnias fijas. No sólo hay incontables ejemplos individuales de esto (el primer gran escritor ruso fue el mulato Pushkin, y ningún poeta actual escribe un inglés más puro e intenso que el del mulato Derek Walcott, mientras la poesía en español no tuvo en este siglo acentos más hondos que los que le dieron los cholos Rubén Darío y César Vallejo), sino sobre todo incontables ejemplos colectivos: véase el caso del español, que en Europa, América, África y Asia es hablado por las comunidades más diversas. Por ello, el criterio según el cual la lengua “indoeuropea” habría sido hablada por una supuesta “raza indoeuropea” (criterio que sirvió de apoyo a las teorías racistas) carece de toda base científica. Por el contrario, como tantas otras realidades culturales, los idiomas se desentienden de esas estrecheces, y ratifican la esencial unidad del ser humano.
Puesto que he utilizado el término “cultural”, me detendré en el vocablo “cultura”, tomado ahora como el sistema de producciones y relaciones propio de una determinada sociedad humana. En este sentido, es notorio que la Humanidad ha conocido varias grandes culturas, muy diversas entre sí, pero que en sus respectivos momentos de esplendor se estructuraron en torno a unas pocas formaciones económico-sociales. No perderé el tiempo repitiendo lo que todo el mundo sabe. Simplemente recordaré que una sola de esas grandes culturas alcanzó dimensión mundial: la cultura occidental. Y que, a diferencia de los casos anteriores, a su formación económico-social correspondiente, el capitalismo, tan sólo ella llegó de modo directo. Además, como tal formación requirió para su desarrollo el saqueo del resto del planeta (tal fue el procedimiento por el que alcanzó dimensión mundial), hizo imposible en éste, en general, desarrollos similares al suyo. En todos los continentes, numerosas culturas se erigieron en torno a modos de producción esclavista, feudal o “asiático”. Pero sólo Occidente, en Europa, accedió al modo de producción capitalista, y al hacerlo sofocó accesos similares en otros sitios. Fuera de Europa, grandes desarrollos capitalistas sólo conocerían países como los Estados Unidos, Canadá y Australia, que fueron colonias de Inglaterra, el país capitalista por excelencia hasta este siglo. Los colonizadores ingleses, en calidad de “pueblos trasplantados” (como diría Darcy Ribeiro), aniquilaron allí al grueso de las poblaciones indígenas y trasladaron y a veces incrementaron las estructuras de la metrópoli. También esos países forman parte hoy de “Occidente” (que hace tiempo dejó de tener connotación geográfica), y en lo sustancial están poblados por “blancos”: las criaturas que ellos llaman “de color” han sido allí, si no exterminadas, marginadas. Hay, sin embargo, una gran excepción: la del Japón, el cual, debido a un involuntario equilibrio de grandes potencias en torno suyo, logró escabullirse e impulsar una original evolución de su feudalismo hacia un capitalismo propio y fuerte. El interesante caso de los “dragones asiáticos” no permite aún, por cercano e indeterminado, un juicio suficiente. Pero tanto Japón como esos “dragones”, y por supuesto África del Sur e Israel, otros “pueblos trasplantados”, también forman parte de “Occidente”.
No así el resto de los países, donde vive la gran mayoría de la Humanidad. Hoy, más que “Occidente”, se tiende a llamar “Norte” a los escasos países de gran desarrollo capitalista, y “Sur” al conjunto numeroso de los otros. Como la explotación de estos últimos hizo (hace) posible la riqueza de los primeros, propuse hace un cuarto de siglo que a éstos se les llamara “subdesarrollantes”, ya que la ONU había bautizado eufemísticamente a los segundos “subdesarrollados”, e incluso (oh imaginación) “en vías de desarrollo”.
Un sólido vocero de la reacción, la revista Time, dedicó su entrega especial de otoño de 1992 al tema Más allá del año 2000. Qué esperar del nuevo milenio. Se trata de un número que no tiene desperdicio, si se quiere saber no sólo cómo ve la derecha el porvenir, sino también el pasado: siempre, desde luego, de acuerdo con sus intereses. En uno de los artículos de esa entrega se dice: “El triunfo del Oeste fue en muchos aspectos una sangrienta vergüenza: una historia de atrocidad y rapiña, de arrogancia, avaricia y expoliación ecológica, de desdén hybrístico hacia otras culturas e intolerancia hacia creencias no cristianas” (p. 18).
“A confesión de parte, relevo de pruebas”, dice una vieja fórmula jurídica. Sólo hay que modificar un punto en las palabras de Time: el uso del pasado. Tal infamia no es lo que “fue”: es lo que es, para el resto del planeta, la situación en que el Oeste lo colocó y en que vive ahora.
El Oeste (el capitalismo) ha significado enriquecimiento material para zonas de unos cuantos países que se pueden contar con los dedos de un ser humano (aunque incluso en esos países hay grandes áreas de explotación, pobreza y prejuicios), pero sobre todo ha significado violencia y opresión para la inmensa mayoría de la Humanidad. Aplastó en todas partes (América, Asia, Oceanía) culturas a veces grandes; sigue aplastando hoy a sus sobrevivientes. Desencadenó en 1914 la más sangrienta y devastadora guerra que nunca ha existido y no ha terminado, pues si conoció ya dos períodos bélicos (1914-1918, 1939-1945), parece en vísperas de un tercero, que daría al traste con el experimento humano. Mediante la imposición de un capitalismo degradado, periférico, ha sembrado el mundo de pobres: hoy lo son dos de cada tres personas; si las cosas no cambian, a mediados del siglo XXI lo serán nueve de cada diez. La inmensa mayoría de ellos vive y vivirá en el Sur, donde la delgada capa de ricos ha logrado ese nivel casi siempre por su complicidad con el Norte, del que se siente integrante, y no de sus pueblos.
Por otra parte, si del infierno de la guerra mundial desencadenada en 1914 brotó en 1917, en el arcaico imperio zarista, el más dilatado y ambicioso experimento socialista nunca acometido, el fracaso de tal experimento, tras las invasiones que padeció, la prematura muerte de Lenin, los crímenes del estalinismo y al cabo el abandono del proyecto, propinó el más rudo golpe que han recibido las esperanzas anticapitalistas, socialistas.
Es decir, que tanto en su vertiente indudablemente principal, la capitalista, como en su otra vertiente, que se opuso a aquélla, el experimento socialista ruso, el fracaso de la civilización europea (y sus ramificaciones en otras partes) ha conducido a la Humanidad a un callejón al parecer sin salida.
Recordemos algunos rasgos del mundo de hoy: la presunta descolonización que siguió al segundo período de la Guerra Mundial llevó a la gran mayoría de las colonias tradicionales de ayer a ser no países liberados sino neocolonias, explotadas gracias a mecanismos como el intercambio desigual y la deuda externa; en períodos cortos mueren de hambre o enfermedades curables tantos niños como seres humanos perecieron en Hiroshima y Nagasaki, mientras millones de otros niños deambulan sin hogar, se les prostituye, se les compra para vender sus órganos o se les mata como ratas; epidemias que se creían medievales regresan a pasos agigantados y se les suman otras nuevas como el sorprendente SIDA, acaso producido por el propio ser humano; se multiplica el azote diabólico de las drogas, estimuladas por el mercado sin entrañas y consumidas para olvidar el oscuro presente; renacen xenofobias y racismos espantosos, vergüenzas que se creía haber dejado atrás; se extinguen incontables especies animales por el animal humano, sobre todo en su variedad occidental o norteña, quien por añadidura está provocando ambientes donde también a él la supervivencia amenaza con hacérsele imposible. Como es lógico, la gran mayoría de estos males aqueja sobre todo a los países del Sur. Ello explica que los habitantes del Sur se estén trasladando en modo masivo al Norte (y ocurre incluso en el interior mismo de muchos países, donde hay un “Norte” y un “Sur” locales). Es decir, que cuando el norte se cree vencedor en todo, y hasta le dicen que ha llegado el fin de lo que Stephen Dedalus llamó la pesadilla de la historia, sus ciudadelas están rodeadas por millones de hambrientos que vienen del Sur. En vano el Norte levanta barreras para impedir su entrada u organiza pogroms cuando ésta ha ocurrido.  
Parecería, digo, que la Humanidad se encuentra ante un callejón sin salida. Pero ello no sólo no nos exime de mirar de frente la gravísima situación, sino que nos obliga imperiosamente a hacerlo. ¿Será posible que, ante el lamentable estado en que ha venido a parar la cultura occidental, podamos poner nuestras esperanzas en otra cultura distinta, que le sucedería sobre el planeta? Ante esta pregunta, y con el inevitable carácter conjetural que están obligadas a tener las palabras en un caso así, mi respuesta es tanto afirmativa como negativa. Paso a explicarme.
Occidente ha resultado ser la última gran cultura parroquial de la Historia. Después de ella, ya no será posible ninguna otra cultura parroquial. La llamo así porque, como todas las anteriores, surgió en una comarca limitada; y, como aquellas culturas, ha vivido tomando en consideración intereses de unos pocos, e incluso ha establecido barreras férreas entre sus escasos beneficiarios y las grandes mayorías de cuya explotación inmisericorde se ha nutrido y se nutre. No en balde si la horrible e inconclusa guerra mundial encendida en Europa este siglo es acaso su gran aporte práctico, entre sus más conspicuos aportes intelectuales se cuenta su implacable exposición y defensa del racismo: éste sería desarrollado a partir del siglo XVI, como alibi de la presunta misión civilizadora con que disfrazó el despojo a la Tierra a fin de amasar sus riquezas.
En este sentido, lo único que distinguió su terrible faena de las de otras civilizaciones anteriores fue la cantidad. Pero cantidad tan enorme que le dio un horizonte mundial. Y por ello, a partir del actual imperio de Occidente (que ahora se perfila trifronte, con extremos en los Estados Unidos, Japón y Alemania), no podrá haber más que una sociedad post-occidental, que deberá asumir un rostro realmente ecuménico. En relación con esa futura sociedad ecuménica, las zonas del mundo que han sido explotadas por Occidente y que, por supuesto, no forman parte de su cogollo, como es el caso de nuestra América, sólo tienen un destino posible. Ese destino es el de colaborar al advenimiento de tal sociedad del mañana. Y ello lo haremos sin abandonar torpemente (lo que por otra parte es imposible) las numerosas conquistas intelectuales de la Humanidad, la mayoría de las cuales nos llegaron a través de occidente, o incluso fueron producidas en su seno, pero son ya tan nuestras como suyas. ¿No se ha visto así en lo tocante a los idiomas? Que en esto, como en otras muchas cosas, nos sirva de guía el propio Occidente, el cual, por ejemplo, conoció el pensamiento griego gracias al mundo árabe, lo que no le impidió proclamar luego a Grecia (no al mundo árabe) como su antepasado orgánico, cosa que por supuesto no es cierta: es otra invención occidental. “Injértese en nuestras repúblicas el mundo”, dijo también Martí añadiendo en seguida: “pero el tronco ha de ser nuestras repúblicas”.
Esa cultura, civilización o sociedad post-occidental, la única no parroquial, que estamos obligados a construir, no podrá elaborarse en torno a la osamenta de Occidente: el capitalismo, un barco herido (y heridor) de muerte. Habrá que ensayar de nuevo, esta vez a escala mundial, una estructura más justa y generosa, que es lo que implica el socialismo. El fracaso del experimento ruso (un fracaso que comenzó hace muchas décadas, aunque no lo viéramos precipitarse ante nuestros ojos) se suma a otros fracasos anteriores y paralelos, como el de la Comuna de París, el de la Revolución Rusa de 1905, los conatos en Alemania y Hungría después de 1918 o la España derrotada de 1939. Son rudos golpes, pero no son el fin de un proyecto que renacerá mil veces si fuera necesario. Además, quedan oasis amenazados pero no vencidos. Y no tengo que insistir porque escribo desde uno de ellos, puesto que escribo desde Cuba. Aunque sí debo insistir que no escribo pensando sólo –ni primordialmente- en Cuba. Si, debido a la revolución comenzada en 1959, que afectó intereses de lo que fue nuestra metrópoli, el país donde nací y vivo conoce grandes dificultades, no son menos grandes las dificultades que conoce nuestra América en su conjunto, e incluso el mundo todo.
Hay que acostumbrarse a pensar y sentir con entrañas de Humanidad, como Martí nos enseñó a hacer. De lo contrario, los seres humanos estamos perdidos.  Y si el horizonte de la Humanidad no puede ser el de la cultura occidental que se pretende mundial , tampoco puede serlo el de nuestra etnia o nuestra tribu. Ejemplos de ambos desvíos nos lo ofrecen las guerras calientes que han seguido a la llamada Guerra Fría. La guerra del golfo supuestamente fue una guerra de las Naciones Unidas contra uno de esos tiranos que el Norte no se ha cansado de inventar o apuntalar: en realidad, fue una nueva y atroz guerra del Norte, a la que se unieron algunos cipayos del Sur, para garantizarse entre otras cosas el control del petróleo. Por otra parte, las guerras interétnicas que tienen lugar en lo que fueron la Unión Soviética y su esfera de influencia, revelan el fracaso de un universalismo abstracto que se trató de imponer artificialmente en aquellas zonas y a la postre no hizo sino exacerbar reacciones locales de incalculables consecuencias negativas.
Es deber nuestro impugnar ambas guerras. E incluso, en lo que toca al primer tipo de ellas, luchar activamente contra lo que aquella guerra del golfo mostró sin embages: la contradicción creciente, en el seno del Norte, entre los Estados Unidos, que pusieron lo esencial de las fuerzas militares, y Alemania y Japón, que las pagaron (no pudiendo hacerlo los Estados Unidos, que siguen siendo la primera potencia militar del mundo, pero ya no son la primera potencia económica). Si no se detiene el crecimiento de esa contradicción, basada en último extremo en la voluntad de repartirse de nuevo un mundo ya repartido, ella conducirá inexorablemente al tercer período de la guerra Mundial, que será su último período: y el fin de la Humanidad.
En la lucha contra ese tercer período, que ocurriría al principio del “tercer milenio” (para la humanidad no habría otro), tenemos que participar cuantos, en el Norte y en el Sur, estamos convencidos de que el capitalismo no tiene porvenir, y podrá arrastrar (está arrastrando ya) en su inexorable caída al experimento humano, que tanto ha costado al pobre y grandioso y al parecer único Cosmos. ¿Le damos una mano los hombres y mujeres de buena voluntad que compartimos este asendereado planeta, o nos sentamos, culpables, a ver qué incalculable horror le dejaremos en herencia a nuestros inocentes nietos, por no haber sabido defender nuestros sueños, que son la materia de que está hecha la vida?


Texto presentado en una reunión de intelectuales latinoamericanos en Chiapas y recogido por Adolfo Colombres en el libro América Latina: El desafío del tercer milenio Ediciones del Sol Buenos Aires.

TRIBUNAL POPULAR DE OPINIÓN PARA JUZGAR LA DEUDA EXTERNA

SENTENCIA

Tras la realización de dos vistas previas en Gijón y Oviedo se celebró en Gijón, entre el 9 y el 11 de Noviembre de 2006 el “Tribunal Internacional de Opinión para juzgar las políticas de Deuda Externa” con la finalidad de enjuiciar la responsabilidad del gobierno español, las empresas transnacionales españolas y las instituciones financieras internacionales en relación con los daños causados por la llamada Deuda Externa en los pueblos del sur.

Esta deuda produce perjuicios desde una perspectiva estrictamente económica, empobreciendo a los pueblos al deteriorar el medio ambiente y el entorno natural, causando un daño que se trasmite a las futuras generaciones, fracturando la convivencia y la organización política, impidiendo un desarrollo democrático de los pueblos, afectando especialmente a las mujeres, profundizando así la brecha de género y propiciando flujos migratorios masivos e incluso conflictos armados.

Sobre estos puntos versaron los debates, las exposiciones de los y las testigos, expertos y expertas, así como los argumentos defensivos o justificativos y sobre los mismos, el Jurado ha emitido un veredicto, tras lo cual, este

TRIBUNAL INTERNACIONAL DE OPINIÓN PARA JUZGAR LA DEUDA EXTERNA

Formula, EN NOMBRE DE LOS PUEBLOS QUE SOPORTAN LA DEUDA EXTERNA y de todos los ciudadanos y ciudadanas solidarios con los mismos, esta SENTENCIA que declara probados los siguientes HECHOS:

1. Constatamos que el monto de la denominada “Deuda Externa” se ha ido acrecentando de forma vertiginosa en las últimas décadas y que supone un claro obstáculo para el desarrollo de una vida digna de los pueblos.

2. Constatamos que el pago de la Deuda Externa cobra diariamente la muerte de personas y es una de las mayores causas de la violencia estructural y de la violación sistemática de los Derechos Humanos de la mayor parte de la población mundial.

3. Constatamos que dicha Deuda es ILEGÍTIMA, INMORAL y YA ESTÁ PAGADA con creces. Por lo tanto, no cabe hablar de condonaciones, sino que es necesaria su abolición y la búsqueda de mecanismos de restitución que reconozcan la DEUDA HISTÓRICA contraída por los países del Norte con los países del Sur.

4. Constatamos que la Deuda Externa es un instrumento, aunque no el único, de saqueo permanente del Sur y un deliberado medio de presión para imponer políticas neoliberales a los Gobiernos de los países mal llamados deudores por parte de las Instituciones Financieras Internacionales y las grandes transnacionales. Este instrumento mantiene atrapado al Sur en un ciclo de dependencia y de más deuda.

5. Constatamos que la sociedad, tanto de los países deudores como de los acreedores, no conoce la realidad de la Deuda Externa. Este desconocimiento, del que resulta complice la mayor parte de la ciudadanía, es dirigido intencionadamente por parte tanto de las Instituciones Financieras Internacionales como por los Gobiernos, pretende la desmovilización civil y menoscaba el derecho de autodeterminación de los pueblos.

6. Constatamos una DEUDA CULTURAL por el trasvase de valores y perversión del lenguaje que convierte a los acreedores en supuestos deudores; el robo y el saqueo en interdependencia y globalización; la humillación y la auto-complacencia en ayuda y cooperación.

7. Constatamos que el gobierno español así como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y la banca privada han participado en la comisión de actos internacionalmente ilícitos, dando apoyo a regímenes criminales, dictatoriales y autoritarios cuando están obligados por el derecho internacional a respetar y hacer respetar los derechos humanos.

8. Constatamos que el gobierno español utiliza los créditos FAD, para perpetuar la generación de Deuda Externa sirviéndose de los mismos para fomentar la internacionalización de la economía española.

9. Constatamos que la Deuda Externa afecta directamente a la vida de las personas especialmente en lo que hace referencia a:

MIGRACIONES

Las políticas impulsadas por las Instituciones Financieras Internacionales, así como los tratados de libre comercio, atentan contra el empleo estable de los países del Sur, provocan el empobrecimiento de los mismos, afectando directamente a la sociedad que se ve forzada a la emigración tanto dentro del propio país como hacia otros países.

Una consecuencia directa de esto es la existencia de los denominados “países fantasma”, con la mayoría de su población habitando en el exterior de los mismos.

Las migraciones suponen una evasión de recursos económicos y humanos de los países del Sur. Estos recursos generan una riqueza muy importante en los países de acogida que no es compensada en absoluto por las remesas. Es decir, la emigración supone una fuga de capital desde el Sur al Norte.

GÉNERO

Las mujeres no han estado legal ni legítimamente representadas en los órganos de decisión, políticos, económicos, etc. Son objeto de la deuda pero en ningún caso han tomado decisiones sobre la misma y sin embargo son quienes más pagan las consecuencias.

La Deuda Externa afecta a la vida de las mujeres en lo que se refiere a: condiciones laborales miserables y no reconocimiento del trabajo no remunerado, discriminación sexual, pobreza, prostitución, esclavitud sexual, problemas de salud y falta de acceso al poder político.

El Banco Mundial asigna un valor monetario a la igualdad de géneros lo que obliga que sus programas estén concebidos de manera que guarden relación con los "costos de oportunidad" y "eficiencia" de los derechos de la mujer.

El Banco Mundial controla, mediante su financiación, a las organizaciones nacionales de mujeres vinculadas al poder político, con lo que consigue que éstas avalen la perspectiva del Banco Mundial acerca del género.

DEUDA ECOLÓGICA

El Gobierno Español impulsa, mediante mecanismos como CESCE o COFIDES, exportaciones e inversiones directas en el exterior que conculcan el derecho ambiental de las poblaciones del Sur. El Gobierno no tiene establecidos mecanismos adecuados de control y desatiende sus obligaciones referentes a los derechos ambientales de la ciudadanía.

El Gobierno Español impulsa políticas económicas basadas en el consumo desproporcionado de recursos que acaban forzando altos niveles de importaciones que en ocasiones repercuten negativamente en la vida de la ciudadanía de los países del sur.

El Gobierno Español impulsa políticas energéticas dentro del Estado que acaban repercutiendo negativamente en la ciudadanía del sur, conculcando así sus derechos.

Las transnacionales españolas como Unión FENOSA, Endesa o Iberdrola, entre otras, se benefician de un nivel de emisiones excesivo sin responsabilizarse de los impactos de las mismas. Igualmente, estas y otras empresas como Repsol YPF y ENCE, producen directamente daños ambientales y sociales al medio ambiente y los pueblos del Sur sin responsabilizarse de la violación de los derechos ambientales. Adicionalmente, las consecuencias de las acciones de muchas empresas en el Sur impiden la soberanía alimentaria de estos países.

DEUDA DE GUERRA

En algunos países, como el caso de Colombia, el presupuesto público es financiado significativamente con recursos de crédito y un porcentaje elevado de los mismos se utiliza para la financiación de conflictos sociales y políticos. Empresas como General Dynamics, con fábricas en Asturias, se benefician de esta situación.

Por ello se condena al Gobierno español, a las instituciones financieras y comerciales internacionales así como a las empresas transnacionales españolas a:

1. Reconocer política y jurídicamente que las mujeres y hombres de los países del Sur son sujetos de derecho. Se debe garantizar satisfactoriamente los derechos de todas las víctimas de la globalización capitalista a la verdad, la justicia y la reparación integral.

2. Ejecutar las políticas necesarias para abolir la deuda externa. Prohibir cualquier política económica que tenga repercusiones negativas sobre otros países, y que ponga en peligro la vida de los ciudadanos o impida la satisfacción de sus necesidades básicas (soberanía alimentaría, educación, salud, vivienda digna, agua potable, soberanía cultural, etc.).

3. Instalar una moratoria, sin acumulación de intereses, en el cobro de la deuda de los 82 países del estado español con el fin de realizar Auditorias Públicas Integrales y participativas para determinar la ilegitimidad de la deuda exigida.

4. Abolir de forma inmediata e incondicional todas las deudas impagables e ilegítimas. Establecer un calendario de compromisos para adoptar un proceso que muestre la verdad y las responsabilidades políticas y judiciales de aquellas personas y/o instituciones que permitieron, fomentaron e hicieron uso de los créditos ilegítimos. Restituir los daños causados e indemnizar a las víctimas.

5. Reconocer la deuda ecológica adquirida con los países empobrecidos - lo que implica pedir públicamente perdón por los daños y perjuicios causados -, establecer mecanismos para su restitución y aplicar políticas que eviten su generación.

 La prohibición de inversiones públicas y privadas en proyectos que no cumplan los estándares ambientales, laborales y sociales. La derogación de todas aquellas políticas que fomentan un modelo de producción, transporte y consumo, dependientes de la importación de energías no renovables o la utilización de espacios ambientales fuera de nuestro territorio.

La cancelación de todos los mecanismos de flexibilidad que permitan incumplir los compromisos adquiridos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

6. Establecer, en los ámbitos que proceda, reparaciones y responsabilidades judiciales, civiles o penales, por la generación de deudas ecológicas, sociales y políticas.

La creación de un fondo de compensación por los daños producidos a causa de la deuda ecológica adquirida por el gobierno español, sus instituciones públicas y las empresas privadas.

7. La eliminación de los créditos FAD (Fondo de Ayuda al Desarrollo) como instrumento de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), el cierre de la CESCE (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación) y el cese inmediato de sus actividades, así como la no contabilización de la cancelación de la deuda como AOD.

8. La no utilización de los mecanismos públicos para generar nueva Deuda Externa o de apoyo a la exportación para impulsar actividades de empresas transnacionales españolas.

9. Ejecutar políticas efectivas para la prohibición del comercio armamentístico, así como la reducción radical del gasto público militar. Además del no apoyo a leyes que fomentan la impunidad y las violaciones de los derechos humanos.

10. La incorporación de los puntos expuestos anteriormente en la Ley reguladora del tratamiento de la deuda externa, actualmente en tramite en el Parlamento español, así como en los Presupuestos Generales del Estado.

11. Promover en el ámbito internacional el no reconocimiento tanto de la deuda externa multilateral como de la privada, y proceder al desmantelamiento de las instituciones internacionales, tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio.

12. Replantear completamente el concepto de deuda externa para que los países mal llamados deudores sean considerados acreedores y los países generadores de Deuda Ecológica, Social y Política, como el Estado español, sean considerados deudores.

13. Garantizar el derecho a la información y el derecho a informar de los ciudadanos mediante legislaciones que pongan fin a la concentración de medios y favorezcan a la prensa sin animo de lucro.

14. Encaminar todas las políticas públicas y privadas hacia una profunda transformación del sistema económico capitalista.

Ordenamos a todas las autoridades y funcionarios que cumplan y hagan cumplir la presente sentencia contra la que no cabe recurso alguno.

Y así lo declaramos y firmamos en Gijón, a 11 de Noviembre de 2006.

El Jurado Popular ha fallado de forma unánime que los acusados son culpables de todos los delitos imputados y acusaciones realizadas por la campaña ¿Quién debe a quién?.

El principio antrópico

Leonardo Boff

  La vida y la conciencia pertenecen al universo, más concretamente a nuestra galaxia, la Vía Láctea, al sistema solar y al planeta Tierra. Para que surgieran fue preciso un ajuste refinadísimo de todos los elementos, especialmente de las llamadas constantes de la naturaleza (velocidad de la luz, las cuatro energías fundamentales, la carga de los electrones, las radiaciones atómicas, la curvatura del espacio-tiempo, entre otras). Si no hubiera sido así, no estaríamos aquí escribiendo sobre esto. Voy a mencionar solamente un dato del último libro del astrofísico Stephen Hawing, Una nueva historia del tiempo (2005): «Si la carga eléctrica del electrón hubiera sido ligeramente diferente habría roto el equilibrio de la fuerza electromagnética y gravitacional de las estrellas, y éstas, o no habrían sido capaces de quemar el hidrógeno y el helio, o no habrían explotado. De una manera u otra la vida no hubiera podido existir» (p. 120). La vida pertenece, pues, al conjunto.

Para dar una comprensión a esta refinada combinación de factores se creó la expresión «principio antrópico» (que tiene que ver con el ser humano). Por él se procura responder a esta pregunta que hacemos naturalmente: ¿por qué las cosas son como son? La respuesta sólo puede ser: si hubiesen sido de otra manera, nosotros no estaríamos aquí. Pero respondiendo así, ¿no caeremos en el famoso antropocentrismo que afirma que las cosas sólo tienen sentido cuando se ordenan al ser humano, el centro de todo, el rey del universo?

Ese riesgo existe, y por eso los cosmólogos distinguen el principio antrópico fuerte y el principio antrópico débil. El fuerte dice que las condiciones iniciales y las constantes cosmológicas se organizaron de tal forma que, en un momento dado de la evolución, la vida y la inteligencia deberían surgir, necesariamente. Esta comprensión favorecería la centralidad del ser humano. El principio antrópico débil es más cauteloso y afirma que las precondiciones iniciales y cosmológicas se articularon de forma tal que la vida y la inteligencia podrían surgir. Esta formulación deja abierto el camino de la evolución que, por lo demás, está regida por el principio de la indeterminación de Heisenberg y por la autopoiesis de Maturana-Varela. Mirando miles de millones de años atrás, constatamos que, de hecho, así ocurrió: hace 3 800 millones de años surgió la vida, y hace unos cuatro millones de años la inteligencia. Esto no implica la defensa del «diseño inteligente», o de la mano de la Providencia divina. Simplemente, el universo no es absurdo. Está cargado de finalidad. Hay una flecha del tiempo apuntando hacia delante.

También cabe considerar que el cosmos está en génesis, autoconstruyéndose. Cada ser muestra una propensión innata a irrumpir, crecer e irradiar. El ser humano también. Apareció en escena cuando el 99,96% del todo ya estaba listo. Él es expresión del impuso cósmico hacia formas más complejas y altas de existencia. Hay quienes lanzan esta idea: ¿no será todo puro azar? El azar, como mostró Jacques Monod, existe, pero no explica todo. Los bioquímicos han comprobado que para que los aminoácidos y las dos mil enzimas subyacentes a la vida pudieran aproximarse, organizarse en una cadena ordenada y formar una célula viva habrían sido necesarios billones y billones de años, más tiempo del que tienen el universo y la Tierra. Tal vez el recurso al azar muestre solamente nuestra incapacidad de entender órdenes superiores y extremadamente complejos, como la conciencia, la inteligencia, el afecto y el amor. ¿No sería mejor callarnos, con respeto y con reverencia?

 

 

ARTE

VICENTE JARQUE
Levante-EMV
En un mundo ensombrecido por barruntos apocalípticos, infestado de terrorismo, estulticia y miseria globales, en pleno cambio climático, mientras se deshielan los polos y esperamos una crecida del nivel del mar capaz de tragarse ciudades enteras (como Valencia, sin ir más lejos), parece como si no quedasen muchos motivos para creer en el progreso de la humanidad. Los grandes avances tecnológicos, salvo los de la medicina, no sólo no bastan para generar confianza en un futuro mejor, sino que tienden a presentarse como una instancia encubridora de la realidad, como un sucedáneo virtual en donde se disuelven o desvirtúan los viejos valores humanos.

Ya sé que no es bueno exagerar, pero algo de eso hay. En todo caso, en este contexto no sé si resulta conmovedor, estimulante o simplemente sorprendente comprobar que existe un ámbito de la cultura donde se respira optimismo y se vive en una atmósfera expansiva que no puede sino contrastar con los tintes angustiosos de la experiencia histórica del presente. Me refiero al universo del arte, un territorio ilimitado, inmarcesible, prolífico, bullicioso y, por lo visto, tan preñado de futuro como de glorioso pasado.

Al lector no especializado en estos temas habría que recordarle que hay un filósofo americano (Arthur C. Danto) que sostiene que el arte ha alcanzado una fase de emancipación absoluta y definitiva, de modo que, al menos en principio, cualquier cosa puede ser arte y el artista, por tanto, puede hacer exactamente lo que le dé la gana. ¿Se dan cuenta? ¡Vaya suerte! Porque eso, desde luego, no se puede decir de ninguna otra clase de trabajo, ni de ningún otro ámbito de la cultura, en donde se supone que aún hay que asumir la existencia de ciertas reglas, aunque sólo sea para contravenirlas.

La verdad es que, si uno echa una ojeada por ahí, no faltan razones para concordar con ese diagnóstico. Puede bastar un par de ejemplos recientes. Hace unos días leíamos que en la Tate Modern de Londres (hoy en día el centro de arte más prestigioso del mundo, por cierto que dirigido por nuestro Vicent Todolí) se ha presentado la obra de un artista alemán consistente en una especie de gran tobogán por el que el público se desliza, según los casos, con susto o regocijo. Se cuenta que la famosa Prada, la reina del diseño y de la moda, tiene en su oficina un artilugio análogo, que la lleva desde su despacho hasta el aparcamiento. Me imagino que así llega al mismo en un periquete, sin necesidad de ascensor. Ahora bien, ella usa el tobogán con fines prácticos (para bajar, se entiende: para subir es más difícil). Lo que sucede es que el tobogán de la Tate está ahí como obra de arte, lo que le exime de cualquier utilidad concreta, aun cuando mucha gente se sirva de él para regresar a la infancia como haría en un parque de atracciones.

Otro caso, más próximo, es la iniciativa de Josep Maria Martín, quien ha puesto de acuerdo al Espai d´Art Contemporani y el Hospital General de Castellón. Lo que ha hecho es llevar el arte al hospital, incluyendo la planta de enfermos terminales, en donde ha diseñado espacios destinados al ejercicio de las emociones. El más simpático, a mi parecer, es el que se ofrecerá, se dice, como espacio para el pitillo, para que los familiares de los enfermos puedan aliviar sus tensiones y su dolor fumando en paz en un lugar en donde, de otro modo, serían severamente multados si fuesen descubiertos. He aquí otra situación en la que el arte se manifiesta como espacio modélico de libertad.

Aquí no se trata de hacer crítica de arte. Pero, de hecho, estos ejemplos resultan quizá más significativos que aquellos otros determinados por las más actuales tecnologías, sobre todo cuando son confundidos con la única línea concebible para un arte del futuro. Precisamente porque el arte puede ser cualquier cosa, no tiene por qué asumir ningún compromiso de esa clase. Paul Auster ha declarado hace poco su fe en la permanencia de la novela como forma literaria. Pero lo mismo podría decirse de la pintura, ese arte tan antiguo, por mucho que proliferen -es inevitable- los toboganes y las webs artísticas.

En un mundo en donde el progreso se torna incierto, pero ineludible como signo de esperanza, tal vez sería bueno reflexionar sobre las peculiares relaciones del arte con el concepto de progreso. Pues, en realidad, la historia del arte no puede ser la de un progreso, por la sencilla razón de que el arte no tiene, como tal, ninguna meta señalada en el futuro. Al contrario: por fin sabemos que una obra de arte, si es auténtica, puede ser cualquier cosa, pero cualquier cosa lograda, conseguida ya, aquí y ahora, y no un mero eslabón de ninguna cadena histórica, sino improbable testimonio de libertad en ausencia de libertad, metáfora de la experiencia plena en plena crisis de la experiencia.

La ONU demanda un Plan de Acción Mundial para abordar la crisis de agua y saneamiento




El Informe sobre Desarrollo Humano de 2006 hace un llamamiento para que se reconozca el acceso a 20 litros de agua limpia al día por persona como un derecho humano.
 Redacción.- (09/11/2006) Según el Informe sobre Desarrollo Humano de 2006, es necesario que el Grupo de los Ocho promueva urgentemente un Plan de Acción Mundial para resolver una creciente crisis del agua y el saneamiento que provoca cerca de dos millones de muertes infantiles cada año. De acuerdo con el Informe –titulado Más allá de la escasez: Poder, pobreza y la crisis mundial del agua–, en muchos de los países en desarrollo, el agua sucia es una amenaza infinitamente mayor para la seguridad humana que los conflictos violentos. Anualmente de 1,8 millones de muertes infantiles son causadas por la diarrea que se podrían evitar con el acceso al agua limpia y un inodoro; 443 millones de días escolares se pierden a causa de enfermedades relacionadas con el agua; y casi un 50 por ciento de la población total de los países en desarrollo padece en un momento dado algún problema de salud debido a la falta de agua y saneamiento.
A este costo humano de la crisis del agua y el saneamiento se debe sumar un retraso en el crecimiento económico del África subsahariana, que sufre una pérdida anual de un cinco por ciento en su PIB, cifra muy superior a la correspondiente a las ayudas que recibe la región.
Sin embargo, según el Informe sobre Desarrollo Humano (HDR) de 2006, a diferencia de las guerras y los desastres naturales, esta crisis mundial no hace que se desarrolle una acción internacional coordinada. El Informe indica que “al igual que el hambre, es una emergencia silenciosa que experimenta la población pobre y que toleran aquéllos que disponen de los recursos, la tecnología y el poder político necesarios para resolverla”. Los autores del Informe subrayan la necesidad de que se produzca un cambio en esta situación, ya que falta menos de una década para que se cumpla la fecha del año 2015 establecida para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM).
Según Watkins, autor principal del Informe sobre Desarrollo Humano de 2006, “es necesario desarrollar un Plan de Acción Mundial –en el que participen activamente los países del Grupo de los Ocho– para dirigir los esfuerzos internacionales fragmentados en la movilización de recursos y el impulso de la acción política mediante la colocación del problema de agua y saneamiento en una posición central y prioritaria dentro de la agenda de desarrollo”.
El Informe sobre Desarrollo Humano de 2006 estima que el cumplimiento del objetivo de desarrollo del Milenio en el acceso a agua y saneamiento tendría un costo adicional total de unos 10.000 millones de dólares anuales, que se tendrá que asumir tanto en el ámbito nacional como internacional. Según el Informe, “el precio de 10.000 millones de dólares para lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio parece una suma considerable, pero representa menos de los gastos militares realizados en 5 días y menos de la mitad de lo que gastan los países desarrollados al año en agua mineral”.
Además de la creación de un Plan de Acción Mundial, el Informe sobre Desarrollo Humano de 2006 recomienda la adopción de tres medidas básicas para lograr el éxito:
-Hacer del agua un derecho humano, no sólo de palabra. Según el Informe, “todo el mundo debería tener acceso a un mínimo de 20 litros de agua limpia al día, que deberían ser gratuitos para la población pobre”. De acuerdo con los estudios realizados para la elaboración del Informe sobre Desarrollo Humano, mientras que un habitante de Estados Unidos o del Reino Unido gasta 50 litros diarios de agua tan sólo tirando de la cisterna, muchas personas en situación de pobreza sobreviven con menos de cinco litros de agua contaminada al día.
- Elaborar estrategias nacionales para el agua y el saneamiento. Los autores instan a los gobiernos a fijarse el objetivo de invertir un mínimo del uno por ciento del PIB en agua y saneamiento y mejorar la igualdad: el agua y el saneamiento sufren de una crónica financiación deficiente. El gasto público representa normalmente menos del 0,5 por ciento del PIB. En Etiopía, por ejemplo, el presupuesto militar es 10 veces superior al presupuesto para agua y saneamiento: en Pakistán, 47 veces superior.
- Aumento de la ayuda internacional. El Informe propugna una inversión extra anual de entre 3.400 millones y 4.000 millones de dólares americanos Según el Informe, la asistencia para el desarrollo ha descendido en términos reales durante la última década, pero el logro del objetivo de desarrollo del Milenio en agua y saneamiento requerirá una duplicación de los flujos de asistencia.

LA VERDADERA CONFIGURACIÓN DEL NACIENTE NUEVO ORDEN MUNDIAL

Joseph Stroupe (*)

La multipolaridad está siendo crecientemente invocada por Rusia, China y otros muchos países desde mediados de los años 90 como la forma más deseable y justa de configuración para el nuevo orden mundial. La multipolaridad se ve por todo el planeta como la forma más atractiva de reemplazar el dominio unipolar de los Estados Unidos. Pero, ¿es realmente pertinente la pregunta? ¿está la unipolaridad y el mundo americanocéntrico realmente en peligro?. La verdad es que sí.

La configuración fundamental del orden mundial está sufriendo una rápida transformación a medida que el poder e influencia de Estados Unidos continua su progresivo debilitamiento en todas las esferas y mientras sus principales rivales o polos opuestos como Rusia y China se están uniendo cada vez más, gracias en gran parte a su progresivo control sobre fuentes de energía estratégicas.

El control sobre recursos estratégicos se ha convertido en la palanca primaria para incrementar la influencia global de aquellas potencias ya sean ricas en recursos o aliadas con aquellas que sí que lo son.

De esta forma, en el sutil pero perceptible rebalanceo de poder global, moviéndose desde una excesiva concentración de poder en un solo polo (los Estados Unidos) a una distribución entre polos rivales (Rusia, China y otros), estamos viendo surgir del nuevo orden mundial. Pero, ¿cual resultará ser la definitiva configuración?.

Fundamentalmente, multipolaridad significa muchos polos, o centros de poder, distribuidos ampliamente y de forma equitativa por todo el planeta, sin que ningún polo domine desmesuradamente sobre los otros.

Sin embargo, ¿el término "multipolaridad" describe acertadamente la configuración del nuevo orden mundial que está surgiendo?. ¿O acaso la configuración real se está dirigiendo hacia algo bastante distinto de la mera "multipolaridad"?.

El concepto de multipolaridad no toma en suficiente consideración la enorme significación del reciente pero imparable desarrollo de la re-división de la mayor parte del mundo en dos bandos, Este y Oeste, con el control sobre los recursos energéticos estratégicos como la línea divisoria entre ambos.

Incluso el denominado Movimiento de Países No-alineados (PNA) consistente en 116 naciones en vías de desarrollo, que incluye a la mayor parte de los gobiernos autoritarios del planeta y dos terceras partes de los miembros de la ONU, por lo general toma partida de forma independiente e incluso en contra de los intereses de los Estados Unidos, aliándose de facto más a menudo con el Este que con el Oeste. Notablemente, los Países No Alineados se han vuelto del lado de Irán en el conflicto sobre las pruebas nucleares, reafirmando el derecho de Irán a proseguir las actividades de enriquecimiento para uso pacífico, aun a costa del notable disgusto de los Estados Unidos. Destaquemos además que una buena proporción de las naciones pertenecientes al grupo de los no-alineados poseen grandes depósitos de energías estratégicas y recursos minerales de alto valor.

Así que la multipolaridad pudiera llevar fácilmente a la simple suposición de que todos los polos o centros de poder se encuentran diferenciados, de que cada polo está virtualmente aislado de los efectos gravitacionales de los otros polos. En el mundo real ese no es ciertamente el caso.

Cualquier polo o centro de poder que consiga un destacado grado de poder e influencia tiende a atraer otros centros de poder hacia sí, especialmente si se encuentran próximos, ya sea geográficamente o geopolíticamente hablando. Además, el polo emergente tiende a obtener fuerza adicional a partir de los polos que comienzan a acercársele, consiguiendo de esta forma acelerar el crecimiento de este polo prominente. El resultado es un nuevo centro de poder que es complejo en su naturaleza, con otros muchos polos menores alrededor de uno o dos polos mayores como corazón de los nuevos y emergentes centros de poder.

Un primer caso sería el eje Rusia-China que está atrayendo hacia su órbita muchos otros menores pero aun así importantes polos.

Otro ejemplo sería el del polo USA-Gran Bretaña que también mantiene, en grado diverso, otros polos menores aglutinándose a su alrededor.

Como ya hemos indicado, estos dos polos (Rusia-China y América-Gran Bretaña) poseen por sí solos una fuerza gravitacional de tal calibre que no hay nadie más en el mundo que pueda presumir de ello, y la línea que divide a los dos polos es ahora el control sobre los recursos energéticos estratégicos.

De esta forma, la nueva configuración del orden mundial que viene es fundamentalmente bipolar en su naturaleza. Solo estos dos principales polos rivales pueden dictar, por su influencia gravitacional, los grandes cursos de acción alrededor del globo.

Dicho de otra forma, los mayores desarrollos a nivel global van a encajar en la estructura de la competición y rivalidad entre estos dos polos primarios.

La multipolaridad en general no es capaz de describir en su justa medida lo que sucede en el mundo real, que consiste en un retorno hacia la bi-polaridad junto con una inherente complejidad que se encuentra dentro de cada polo, especialmente en el polo emergente del Este.

Pero esto no es todo lo que el modelo multipolar deja en el tintero al intentar describir hacia donde se dirige el actual orden mundial.

La multipolaridad insinúa que ni un solo polo es desmedidamente dominante sobre los otros. Pero contrariamente a esa insinuación, la configuración bipolar que está surgiendo ahora va a facilitar definitivamente un significativo grado de control por uno de los polos, el que está surgiendo en el Este.

Sin embargo, la configuración del nuevo orden mundial todavía podrá ser descrita como bi-polar (no unipolar) porque el polo del Oeste, aunque se dirige hacia una situación bajo un importante grado de control del Este, éste no va a dominar absolutamente en todas las esferas, ni conseguirá ser colapsado completamente como hicieron con la Unión Soviética.

¿Como llegará el Oeste a ser controlado de esta forma por el Este? Mediante la consolidación de su control sobre las fuentes globales de energía el Este conseguirá un notable grado de independencia política, económica e incluso militar frente al Oeste, incluyendo a los Estados Unidos, que se han convertido en un desesperado adicto a los recursos energéticos y minerales del exterior. De hecho, el proceso de consolidación de los recursos energéticos globales y la consecuente pérdida de independencia de occidente ya está en proceso y se está incluso acelerando.

El eje ruso-chino está construyendo a pasos acelerados un eje global de gas y petróleo que incluye ya muchos exportadores netos de todo el globo. Tanto Rusia como China están extendiendo sus alas (o tentáculos como se prefiera) a lo largo y ancho para alcanzar al mayor número de países exportadores de petróleo y gas, tejiendo una red acuerdos entre los más importantes productores del mundo que van más allá de lo estrictamente energético para incluir la esfera militar también. Venezuela y Argelia son solo dos recientes ejemplos. Una estrategia global es cada día más clara y evidente, sin dejar por ello de ser convincente y brillante en sus planteamientos. De cualquier manera es imparable por parte de Occidente.

En la esfera militar y energética, la unión de la experiencia técnica rusa con sus abundantes recursos estratégicos incluidos más la enorme capacidad financiera y humana de China, y la extensión por todo el mundo de su influencia conjunta para reunir en su órbita a todos los exportadores mundiales de minerales, petróleo y gas, es un desafío de enormes consecuencias para el actual orden mundial.

Este eje, cuando se haya completado, formará un monopolio energético manejado desde Moscú y Pekín. Cada vez se les oye más
hablar a estas dos piezas clave del eje hablar sobre la posibilidad de abandonar el dólar como divisa de referencia en las transacciones internacionales de energía. La consolidación eventual de un nuevo eje global de la energía resultará en pérdidas para el Oeste en varios aspectos fundamentales, y en un gran revés, que colocará al poliédrico Este en ventaja sobre el Oeste.

Rusia y China, los principales impulsores de lo que han denominado nuevo orden mundial multipolar, insisten en que no pretenden convertirse en un solo poder como el de los Estados Unidos. Sin embargo, es mera falsa modestia por su parte ya que están trabajando de forma inteligente y con decisión para construir las bases de un control global de los recursos estratégicos, que facilite el surgimiento de un nuevo orden mundial, un orden dirigido directamente contra la posición hegemónica global de los Estados Unidos.

Además, ahora saben muy bien que lo que se está configurando no es algo "multipolar" en su naturaleza, mediante una distribución más o menos uniforme de los centros de poder por todo el globo. Más bien, se han percatado de todo su potencial para poner en jaque energético a Occidente mediante la construcción, ya en marcha, de un eje global de la energía.

Consecuentemente, el movimiento hacia un equilibrio global (de unipolar a multipolar) excede ya la marca necesaria para ese equilibrio y mueve ficha energética hacia el ahora incipiente polo poliédrico del Este.

Junto a esta clara tendencia, también podrán darse sin lugar a dudas más guerras del petróleo como la librada en Iraq en el 2003, y "guerras" ideológicas como la Revolución Naranja del 2004, pero Occidente no podrá prevenir los hechos que aquí se describen y que ya están en proceso, en un plazo no superior a dos años, medido por la rapidez en que se desarrollan los acontecimientos.

Así, el orden mundial bipolar que está emergiendo no será para nada equilibrado o simétrico, con ambos polos compensándose de alguna manera el uno al otro. Se tratará más bien de un orden asimétrico, con el Este ascendente sobre un Oeste en decadencia.

Del fundamental análisis precedente del sistema geopolítico podemos ahora crear un nuevo y más exacto término que describa
hacia donde se dirige el orden mundial:

Complejidad Asimétrica Bipolar se refiere a un orden mundial bipolar desigual que está surgiendo, donde el polo del Este es especialmente complejo en su naturaleza, consistiendo en muchos polos más pequeños alrededor de un núcleo constituido por el eje Rusia-China.

Podemos incluso acuñar un nuevo término acortándolo a "asimplejidad", obviando el adjetivo "bipolar" ya que no es tan fundamental como el adjetivo "asimétrico", que ya implica una relación desigual entre dos partes (bipolar) con desigual tamaño y poder.

Asimplejidad (o complejidad asimétrica bipolar) describe a la perfección el nuevo orden mundial irregularmente bipolar que se está fraguando.


 (*) Joseph Stroupe para la revista GeoStrategyMap.com

China en África: ¿lo mismo de siempre pero con rostro amable?

Cuenta Jean Arsène Yao en su ‘China en África, de la revolución al negocio’, que la avenida Charles de Gaulle de Dakar, la capital de Senegal, está invadida de todo tipo de productos chinos a precio de saldo. La historia se repite en cada mercado africano.

Por eso a nadie le ha sorprendido que el ministerio de Comercio de China haya anunciado esta semana una cifra récord de los intercambios comerciales con el continente africano: 50.000 millones de dólares en 2006. Es la tónica de los últimos años, la gran operación china en África, el objetivo de un país en crecimiento eterno, sediento de materias primas, hambriento de energía.

La estrategia es compleja y existen luces y sombras. China tiene 800 empresas en África, genera empleos, invierte, construye infraestructuras. Ha formado, según datos del gobierno chino, a 11.000 profesionales africanos desde 2004. Además, han cancelado 10.000 millones de dólares en deuda bilateral a los países de este continente y ha aportado 1.500 cascos azules en distintas misiones de pacificación. Por último, aunque no sea del todo exacto, se puede decir que China representa un nuevo modelo, que no está lastrado por su presencia colonial, que se basa en ese ‘Consenso para África’ lanzado por el gobierno del Partido Comunista Chino. A saber: igualdad, soberanía, estabilidad y no ingerencia.

Guerras y armas por petróleo

Hasta ahí los aspectos positivos. China trabaja en todo el mundo, con el oro boliviano, el cobre chileno o el gas australiano. Pero en ningún sitio con el interés y el despliegue que tiene en África. Desde que desbancó a Japón en 2003, China es el segundo consumidor del mundo de petróleo, sólo por detrás de Estados Unidos. Y se sabe lo que unos y otros hacen por el petróleo, el precio que ha pagado África por la soberanía energética de Francia, por ejemplo, en forma de dictaduras y guerras sostenidas desde París.

China compró el 50 % del petróleo exportado por Sudán en 2005. Este país tiene el llamado crudo suave, el más sencillo de extraer y tratar. El gigante asiático se interesa y compra. Poco importa que el régimen de Jartum esté inmerso en una guerra genocida contra las poblaciones del sur y el este. El ‘todo vale’ se impone. En septiembre de 2004, el embajador chino en la ONU, Wang Guangya, amenaza con vetar la resolución de Naciones Unidas que imponía un veto a la venta de armas a Sudán. Al final sólo se abstuvo. En la práctica ha continuado con la venta.

Según escribe Esther Pan en su ‘China, Africa and oil’, publicado por el Conuncil on Foreing Relations, China ha vendido a Sudán material bélico por valor de 100 millones de dólares, incluidos los helicópteros artillados que utilizan las milicias paramilitares afines al Gobierno para aterrorizar y asesinar a la población.

La estrategia del régimen chino es global. Consiguen el petróleo, encuentran una salida a su industria militar, entablan relaciones de amistad con dictadores a los que ni siquiera Francia y Estados Unidos, aunque sólo sea por quedar bien, abastecen de armas y, como remate, consiguen apoyo de estos países en Naciones Unidas y en cualquier otro foro internacional. Y es que, a fin de cuentas ¿Qué va a decir China a nadie sobre derechos humanos?

Los negocios de China se extienden en términos parecidos por otros países del continente, incluidas terribles dictaduras de Omar Bongo en Gabón o de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial. Al régimen de Robert Mugabe en Zimbabwe le ha vendido armas por valor de 200 millones de euros y en el conflicto entre Eritrea y Etiopía ha armado a las dos partes (tal y como hacían los franceses en la guerra de Angola hace no tanto).

La repetición de una vieja historia

El gigante asiático lleva una estrategia ascendente que coincide con el final de la Guerra Fría y la retirada parcial de las grandes potencias coloniales. En los noventa vio como sus negocios se multiplicaban por 700. La celebración en 2000 del foro chino-africano, el 11-S y la inestabilidad de Oriente Próximo y la explosión de la economía china hicieron el resto.

En los últimos cinco años, China ha cuadruplicado sus intercambios comerciales con el continente africano y es ya el tercer socio comercial de África. Pero China no ha encontrado en el continente tan sólo un sitio del que extraer materias primas. Además, el gigante asiático ha vendido a los africanos sus productos manufacturados, hasta el punto de que la balanza está casi equilibrada.


Sus gigantescas empresas públicas les dan ventaja en los concursos y los han ganado hasta en Ruanda, con una significativa presencia de la China State Construction en la capital, Kigali. La estrategia es sencilla: aún menos escrúpulos que el rival, aún menos precio y un paquete que incluye condonación de deuda, ayudas bilaterales y formación. Así se han quedado con el monopolio de la construcción en Camerún, donde han roto el mercado con presupuestos un 30 % por debajo de los precios habituales. Y en la incipiente industria inmobiliaria argelina ya son los primeros. Y la lista sigue. Es lo que Moeletsi Mbeki, vicepresidente del Instituto Sudafricano de Asuntos Exteriores de la Universidad de Witwatersrand llama “una apetitosa colaboración y una aterradora amenaza”, antes de preguntarse: “¿No estamos asistiendo a la repetición de una vieja historia?”

Algunos ya se han aprendido la lección. Es el caso del presidente francés, Jaques Chirac, quien en su último encuentro con el primer ministro chino, Hu Jintao, se negó a recibir a los representantes de la sociedad civil y las ONG chinas, la mayoría en el exilio, y rechazó realizar cualquier declaración contra el régimen. Sabe que puede tener un buen aliado para seguir expoliando África.

El régimen chino no se cansa de repetir que el continente tiene tasas de crecimiento por encima del 5 % y que eso es en gran parte gracias a ellos. Se esfuerzan, con todos los medios de su aparato propagandístico, en subrayar su lema para África: igualdad, soberanía, estabilidad y no ingerencia. Venden armas a los criminales africanos y lo llaman soberanía; defienden y apuntalan dictaduras y lo llaman estabilidad; no condenan ni una sola violación de los derechos humanos y lo llaman no ingerencia. Y mientras, por debajo, el negocio y el petróleo fluyen. ¿Les suena la historia?
Fecha Publicación: 02/11/2006
Juan Carlos Galindo
Periodista

INFORME sobre la especie humana

Hallado en una nave espacial extraterrestre caída en el desierto de Gobi, China. Traducida a lenguas humanas por un grupo de 32 expertos de Naciones Unidas

Marcelo Colussi
Rebelión

 

 

 

 

 

Continuando con nuestro viaje exploratorio nos dirigimos hacia esa super nova en los confines de la Vía Láctea a la que llaman Sol. De los ocho planetas que giran en torno a él sólo uno presenta agua en estado líquido en su superficie. Y he ahí una clave importantísima para todo lo que diremos en adelante: gracias a este elemento (combinación de dos átomos de hidrógeno con uno de oxígeno) es posible la materia en estado viviente. Pero es este elemento, al mismo tiempo, el que podrá llevar a la desaparición de toda forma de vida dada la particularidad singularísima de una de las especies que encontramos y la extraña relación que mantiene con la misma. Aunque no nos anticipemos; seguiremos un orden estricto en este pequeño informe de bitácora. Luego, ya regresados a nuestra galaxia, y con todo el tiempo necesario, procesaremos adecuadamente todos los datos obtenidos y podremos presentar un informe pormenorizado mucho más extenso.

La Tierra es el tercer planeta en proximidad al Sol. Gira en torno a él en períodos regulares; esos desplazamientos fueron medidos por esta especie a la que hacíamos alusión más arriba –autodenominada “hombre”, o más correctamente “ser humano”–, para lo cual usaron diversos sistemas de referencia. Lo curioso es que en la actualidad emplean un código –al que llaman “calendario gregoriano”– que no es ni por cerca el más exacto, habiendo desechado otras mediciones mucho más precisas, hoy caídas en el olvido, como por ejemplo la desarrollada por unos individuos que alcanzaron su punto máximo de progreso hace unos 1.000 años, llamados mayas, ahora devenidos un pueblo derrotado y que subsiste en la indigencia.

Este planeta es muy nuevo en su formación: 5.000 millones de años utilizando los códigos terrícolas. A partir de la combinación de aminoácidos y el agregado de fuertes cargas eléctricas, hace unos 2.500 millones de años surgieron las primeras formas de vida, en forma unicelular, en el medio acuoso. La vida, como pudimos comprobar, siempre estuvo ligada al agua. Esas formas evolucionaron con bastante rapidez por la vía de la adaptación al medio y la selección natural, y en el momento de redactar el presente informe pudimos constatar 16.758 especies distintas. Básicamente se dividen en dos reinos: el vegetal –sin movimiento de desplazamiento, fijados en forma perenne al suelo, con 10.146 especies– y el animal –con la capacidad de desplazamiento y 6.612 especies–. En este último gran reino existen dos grandes divisiones: los animales invertebrados y los vertebrados. De estos últimos hay cinco familias: reptiles, aves, peces, batracios y mamíferos. Son estos últimos los más recientes y los más evolucionados en la escala zoológica. Presentan todos algún tipo de inteligencia. Entre ellos sobresalen los primates como los más inteligentes, y en especial esta especie con una buena capacidad de aprendizaje que se autodenomina “ser humano”. Es, con las salvedades que luego haremos, la especie más inteligente (y al mismo tiempo la más incomprensible, quizá a causa de esa misma inteligencia).

Dada las características tan especiales de estas criaturas, de aquí en más pondremos especial énfasis en su descripción. Pero nos adelantamos a informar que todas sus particularidades nos dejaron perplejos: de todas las especies estudiadas es la única que presenta esa relación con su medio ambiente circundante –con el agua fundamentalmente– y con otros congéneres de su especie. Es, para decirlo rápidamente, profundamente autodestructiva.

El ser humano es el más reciente de todos los animales que pisan la superficie terrestre. Descendiendo de los primates, su primos hermanos más cercanos en la cadena biológica, puede considerársela especie independiente desde el momento mismo en que comenzó su largo, y por cierto no terminado, proceso de enfrentamiento con el medio circundante. Es decir: cuando empezó a trabajar. De este hecho inaugural como especie transcurrieron ya tres millones de años. Dato curioso: el primer chispazo de inteligencia, la primera forma cultural de esta especie, fue nada más y nada menos que un arma. Según pudimos reconstruir históricamente, algunos individuos frotaron dos piedras hasta conseguir afilar una de ellas, con lo que tuvieron un instrumento que aumentó su poder de ataque. Y ahí comenzó a escribirse la historia humana: todo ha girado, y sigue girando, en torno a ese “poder de ataque” que utilizó no sólo contra el medio natural sino –eso es lo más curioso– contra sí mismo.

La especie humana es la única que pudo desarrollar una forma cultural no biológica. Su identidad como especie viene dada por ese barniz cultural no genético, que tiene que ver con su particular inteligencia. Es por ella que en el curso de esos tres millones de años fue dando lugar a formas culturales de lo más disímiles. De hecho es el único animal que pudo moverse por toda la faz del planeta, adecuándose exitosamente a todas y cada una de las circunstancias ecológicas que fue encontrando. Ningún otro ser viviente ha tenido tanta adaptabilidad. Su genoma es igual para todos sus especimenes; sus diferencias externas (color de la piel, color de sus cabellos, color de sus ojos) son producto de la adaptación al medio. Pero he ahí una de estas incongruencias a que nos referíamos: dado sus sistemas culturales, esas diferencias accidentales deciden su suerte como seres sociales. Pudimos constatar (entre risa y consternación) que hacen de esas menudas diferencias circunstanciales –el color de la piel, por ejemplo– asuntos de la más grande importancia. Los sistemas culturales que han construido a través del tiempo los lleva a opinar que hay “superiores” e “inferiores” en función de esos detalles. Incluso han desarrollado teorías que avalan y justifican esas diferencias.

Si bien es básicamente terrestre, pudo moverse en los otros medios que presenta el planeta, adecuándose al agua y al aire. Es el único animal que, merced a su cultura y no a condiciones físicas naturales, se mueve en el agua –navegando por su superficie o bajo de ella– y en el aire.

Esa capacidad de adaptación es notoria. Merced a su cultura se comenzó a sentir la especie más importante de entre todas, y en consecuencia, actuó como tal. Atacó a todas las demás, las venció, las exterminó en algunos casos, las domesticó para su provecho en otros. Dada su condición de omnívoro, es el único animal que se come a todas las otras especies. Por otro lado, no tiene un depredador natural que se lo coma a él.

Pero con estas consideraciones entramos de lleno en lo medular de lo que queremos adelantar con este breve primer informe: la cultura y el poder de ataque del que arriba anticipáramos algo.

En su corta historia como especie, una vez erguido y transformado en ser bípedo habiendo abandonado para siempre la vida arborícola de sus antepasados inmediatos, la “cultura” pasó a ser su nueva naturaleza. Si algo define a estas criaturas es que muy poco tienen definido en términos biológicos. Todo en ellos es producto de su historia cultural. Por cierto, la variedad en las formas culturales que ha venido desarrollando en su corta pero intensísima historia, es sumamente amplia. Su cultura se basa en la oralidad. En estos momentos existen alrededor de 6.000 lenguas distintas. Todas y cada una de las actividades que realiza vienen determinadas por sus sistemas culturales. Su carga biológica se ha ido perdiendo al anudarse en forma definitiva con lo cultural, con lo social. Así como lo graficábamos con sus creencias con respecto al color de su piel y la supuesta superioridad de una raza sobre otra (¡llegan al autoexterminio en nombre de estas cosas!), todo lo que hace lo inscribe siempre en esta nueva naturaleza creada que es la cultura. Funciones básicas como la alimentación y la reproducción quedan subsumidas por esta esfera social. Distintamente a todas las otras especies animales, sus instintos naturales están enredados con ese componente social, el cual va cambiando con el curso del tiempo.

De todos los animales estudiados (aclaramos que pusimos especial énfasis en la especie humana dejando algo de lado a las otras) es el único donde pudimos encontrar conductas que pervierten lo instintivo tornándose autodestructivas. Come, pero ahí encuentra una serie de fenómenos que no son biológicos: hay individuos que comen muchísimo más de lo necesario, mientras otros deciden no comer. Constatamos que muchas personas (en general se da más entre las hembras) prefieren no comer, haciendo penosos esfuerzos para mantenerse vivas con muy poca comida. Y lo que más nos llamó la atención es que, como especie, no aseguran la sobrevivencia del conjunto. Por razones puramente sociales, culturales, muchísimos individuos no disponen de los recursos mínimos e indispensables para mantenerse con vida. Aclaramos: el planeta Tierra produce esos recursos en cantidad suficiente para mantener con vida a toda la materia viva que pisa su superficie. En cuanto al ser humano pudimos contar 6.300 millones en el momento de redactar el presente informe, con una alta tasa de natalidad –tres nacimientos de un nuevo ser cada segundo terrícola–, superando con creces la cantidad de muertes. Y todos sus individuos podrían disponer con comodidad de las 2.500 calorías diarias necesarias para vivir. Pero son esas intrincadas relaciones culturales, producto de su bastante incomprensible búsqueda de “poder de dominación” de algunos sobre otros, las que impiden que todos coman aceptablemente.

La principal causa de muerte de esta especie es el hambre. Cada 7 segundos muere un ser a causa de la falta de alimentos. Ahí está lo curioso de todo: sobran alimentos, no sólo los que la naturaleza pone a su alcance en estado natural (pese a la enorme masa de individuos que desde hace unos 100 años crece a un ritmo aceleradísimo), sino también los que la especie elabora en forma artificial, con su industria, única entre todas las especies animales existentes. Sobran alimentos, decíamos, pero la incorrecta distribución de los mismos, merced a ese incontrolable afán de poderío, hace que el hambre abunde y golpee sin clemencia a buena parte de la especie.

Algo que no pudimos terminar de entender, y que estudiado más a fondo esperamos poder resolver en un breve tiempo, es cómo a partir del aumento de comida disponible (de ello hace unos 12.000 años, con el paso a la vida sedentaria a partir del descubrimiento de la agricultura) las sociedades humanas, en vez de mejorar, se estratificaron en clases sociales dividiéndose en los que disponen de más recursos y comen mejor, y en los menos beneficiados (siendo entre éstos –por cierto las grandes mayorías de seres– donde se da más la muerte por inanición). Cuanto más crece la capacidad productiva de la especie, más se alejan los beneficiados de los desposeídos en el acceso a lo producido. Esto, repetimos, no lo vimos en ninguna otra especie animal. Otras sociedades menos inteligentes que pudimos constatar (hormigas, abejas, cardúmenes de peces, rebaños de mamíferos) distribuyen en forma armónica y equilibrada los recursos. Es por eso que no terminamos de entender aún cómo esa inteligencia humana no puede resolver esta cuestión. Y por lo que vimos, las sociedades viven en guerras monstruosas por esa injusticia distributiva.

Este punto refuerza lo dicho más arriba: las tendencias agresivas, el afán de poderío, el poder de ataque, signa toda la historia de la especie. Desde la primer arma –la primera piedra afilada– su historia es una sucesión de armas para atacarse y dominarse recíprocamente; y desde que pudimos constatar sociedades complejas hace unos cuantos milenios, ese hambre de dominación ha servido para aumentar las diferencias entre clases sociales y para ampliar su capacidad ofensiva. Hoy, producto de una muy desarrollada industria que ningún otro animal dispone, tiene una capacidad destructiva bastante importante, pudiendo hacer desparecer toda forma viviente del planeta con las armas que llegó a crear. Pero justamente eso es lo que nos dejó perplejos: conocen la fisión nuclear pero no pueden resolver el problema del hambre.

Es más: los intereses de las clases dominantes (que han ido variando en este tiempo de vida sedentaria) van absolutamente en contra de equiparar el acceso a los recursos para todos por igual. Y eso nos lleva a una segunda constatación igualmente incomprensible: esta especie es la única que vive autoagrediéndose en forma permanente.

De todas sus industrias –que no son pocas por cierto– la más desarrollada, la que pone en movimiento lo más avanzado de la inteligencia y la que genera mayores recursos simbólicos en forma de lo que llaman dinero (mercancía universal que sintetiza la cantidad de trabajo acumulado de que alguien puede disponer), es la producción de instrumentos para la dominación, para matar a otros. La tarea principal de la especie es la preparación para las guerras. La violencia marca totalmente la historia de la especie.

Luego del hambre, la segunda causa de muerte de los individuos que forman toda la humanidad, es la violencia. Enfermedades naturales sigue habiendo muchas, pero en general, merced a esa industria inteligente a la que hacíamos referencia, están muy controladas. Mueren más personas por hambre y por causas violentas que por trastornos bio-físico-químicos.

La violencia marca todas sus relaciones. Como anticipábamos, las interacciones entre los miembros de la especie están marcadas/determinadas por distintas formas de violencia. Lo veíamos con esas creencias de superioridad de una cultura sobre otra. Para ejemplificarlo muy rápidamente: aún hoy, pese al dominio industrioso de tantos aspectos de la realidad material, siguen adorando íconos (“dioses” los llaman). En muchos casos se matan en su nombre, o se desprecian unos a otros en nombre de su adoración. Hay dioses “mejores” y “peores”; hay dioses “civilizados” y dioses “primitivos”. Y lo curioso (tenemos infinidad de pruebas audiovisuales que lo demuestran) es que pese a su inteligencia constructiva (grandes máquinas, viajan fuera del planeta, bombardean el átomo, etc.) siguen adorando esos íconos, y en muchos casos hacen la guerra invocándolos.

La violencia cultural los persigue; todas sus relaciones como individuos o como colectivos tienen que ver con ese especial modo de relacionamiento. Incluso la reproducción, como ya anticipáramos. Con escasas excepciones, casi todas las especies vivientes (vegetales y animales) se reproducen en forma sexuada. El caso del ser humano no escapa a esta generalidad. Pero las diferencias entre sexos tampoco escapan a esa cubierta cultural marcada por la violencia. Los machos se consideran “mejores”, “más importantes” que las mujeres. Los diferentes sistemas culturales que han erigido se cimentan sobre esas construcciones no-biológicas. Su sexualidad, si bien asienta en mecanismos físico-químicos, está totalmente envuelta por lo cultural. Y es este el otro gran campo donde vemos las incongruencias que presentan como especie. Se dividen en géneros, es decir: construcciones culturales por las que los machos tienen atributos y derechos específicos sobre las hembras, que siempre juegan un papel más sumiso y pasivo. Todas las culturas han repetido esos moldes. La sexualidad no está sólo al servicio de la reproducción; de hecho, los contactos sexuales no están reglados por ciclos biológicos periódicos sino que permanece abierta todo el tiempo. Pero justamente sobre ella recae todo el peso de las prohibiciones culturales. En general hay un doble discurso bastante cómico sobre la misma: se dice una cosa y se hace otra. Se condena la homosexualidad, pero la bisexualidad no es infrecuente; se habla de monogamia, pero se mantienen relaciones exogámicas en forma oculta; los machos (que, en realidad, son “hombres” en función de estas pautas culturales que signan la edificación de las sociedad) controlan a las hembras (llamadas “mujeres”). Tal es el grado de control y sometimiento de los hombres sobre las mujeres que la especie toda es designada, por medio de un perverso mecanismo metonímico, como “el hombre”, sinónimo sin más de humanidad. Hay culturas que hacen de esta diferencia una cuestión de fe confiriéndole así un estatuto divino.

Lo importante a destacar es que no hay ninguna cultura superior (aunque algunos miembros de algunas de ellas así lo crean). Hay, sin dudas, diferencias en el desarrollo técnico que cada una ha obtenido, y desde hace aproximadamente 200 años la moderna tecnología que desarrolló el así llamado Occidente ha tomado la delantera; pero lejos está de poder decirse que esa cultura sea “mejor” que otras.

Hay siempre una cultura dominante. Eso es incontrastable. Por milenios los seres humanos así han construido su historia: una cultura se impone sobre otras y marca el rumbo. Lo hace, antes que nada, en términos militares. Luego se justifica esa dominación con los más absurdos argumentos. Todo lo cual nos deja la pregunta –que trataremos de ir develando en el futuro– respecto al por qué de esta manera de ser. ¿Por qué los seres humanos son tan autodestructivos?

Esa es su característica distintiva. Viven matándose entre sí y a sí mismos: de hambre, con guerras, utilizando sustancias que saben que son altamente nocivas (estupefaciente varios, alcohol etílico, tabaco), despreciándose en nombre de diferencias culturales (los amos sojuzgan a los esclavos, los hombres a las mujeres). Pero lo más curioso es que atacan su propio medio ambiente, y en especial el agua, el elemento que les es indispensable para la vida. El afán de poderío rige todos sus actos, aunque todavía no terminamos de entender con exactitud por qué. Es esa tendencia la que está llevándolos a un desastre ecológico de proporciones catastróficas. En vez de buscar soluciones de consenso general a esos problema planetarios, se enfrascan en salidas pequeñas, mezquinas, basadas sólo en intereses de pequeños grupos.

En los últimos años de su existencia surgieron voces que entendieron esta tragicómica situación, intentado construir otras alternativas. “Socialistas” se llaman a sí mismos. Cuando comenzaron a implementar sus novedosas concepciones, a partir del año 1917 según su sistema de medición del tiempo, si bien solucionaron algunos de los problemas ancestrales de las sociedades (el hambre por ejemplo) no dejaron de evidenciar que la lucha por el poder seguía estando presente e influyendo en cada paso. Pero, sin dudas, abrieron la puerta a la esperanza por una sociedad más equilibrada. Aún no la han conseguido, pero comenzaron a buscarla. Aunque, por supuesto, el peso de la tradición es una carga excesivamente pesada, y la transformación se hace por tanto algo muy difícil, muy lento. Luchar contra el peso cultural (la idea de clase social, de superioridad del amo sobre el esclavo, el machismo, el racismo, los nacionalismos) les cuesta infinitamente más que transformar la naturaleza material. Pero parece que, aunque con grandes dificultades, en ese cambio de rumbo cultural están.