La multipolaridad está siendo crecientemente invocada por Rusia, China y otros muchos países desde mediados de los años 90 como la forma más deseable y justa de configuración para el nuevo orden mundial. La multipolaridad se ve por todo el planeta como la forma más atractiva de reemplazar el dominio unipolar de los Estados Unidos. Pero, ¿es realmente pertinente la pregunta? ¿está la unipolaridad y el mundo americanocéntrico realmente en peligro?. La verdad es que sí.
La configuración fundamental del orden mundial está sufriendo una rápida transformación a medida que el poder e influencia de Estados Unidos continua su progresivo debilitamiento en todas las esferas y mientras sus principales rivales o polos opuestos como Rusia y China se están uniendo cada vez más, gracias en gran parte a su progresivo control sobre fuentes de energía estratégicas.
El control sobre recursos estratégicos se ha convertido en la palanca primaria para incrementar la influencia global de aquellas potencias ya sean ricas en recursos o aliadas con aquellas que sí que lo son.
De esta forma, en el sutil pero perceptible rebalanceo de poder global, moviéndose desde una excesiva concentración de poder en un solo polo (los Estados Unidos) a una distribución entre polos rivales (Rusia, China y otros), estamos viendo surgir del nuevo orden mundial. Pero, ¿cual resultará ser la definitiva configuración?.
Fundamentalmente, multipolaridad significa muchos polos, o centros de poder, distribuidos ampliamente y de forma equitativa por todo el planeta, sin que ningún polo domine desmesuradamente sobre los otros.
Sin embargo, ¿el término "multipolaridad" describe acertadamente la configuración del nuevo orden mundial que está surgiendo?. ¿O acaso la configuración real se está dirigiendo hacia algo bastante distinto de la mera "multipolaridad"?.
El concepto de multipolaridad no toma en suficiente consideración la enorme significación del reciente pero imparable desarrollo de la re-división de la mayor parte del mundo en dos bandos, Este y Oeste, con el control sobre los recursos energéticos estratégicos como la línea divisoria entre ambos.
Incluso el denominado Movimiento de Países No-alineados (PNA) consistente en 116 naciones en vías de desarrollo, que incluye a la mayor parte de los gobiernos autoritarios del planeta y dos terceras partes de los miembros de la ONU, por lo general toma partida de forma independiente e incluso en contra de los intereses de los Estados Unidos, aliándose de facto más a menudo con el Este que con el Oeste. Notablemente, los Países No Alineados se han vuelto del lado de Irán en el conflicto sobre las pruebas nucleares, reafirmando el derecho de Irán a proseguir las actividades de enriquecimiento para uso pacífico, aun a costa del notable disgusto de los Estados Unidos. Destaquemos además que una buena proporción de las naciones pertenecientes al grupo de los no-alineados poseen grandes depósitos de energías estratégicas y recursos minerales de alto valor.
Así que la multipolaridad pudiera llevar fácilmente a la simple suposición de que todos los polos o centros de poder se encuentran diferenciados, de que cada polo está virtualmente aislado de los efectos gravitacionales de los otros polos. En el mundo real ese no es ciertamente el caso.
Cualquier polo o centro de poder que consiga un destacado grado de poder e influencia tiende a atraer otros centros de poder hacia sí, especialmente si se encuentran próximos, ya sea geográficamente o geopolíticamente hablando. Además, el polo emergente tiende a obtener fuerza adicional a partir de los polos que comienzan a acercársele, consiguiendo de esta forma acelerar el crecimiento de este polo prominente. El resultado es un nuevo centro de poder que es complejo en su naturaleza, con otros muchos polos menores alrededor de uno o dos polos mayores como corazón de los nuevos y emergentes centros de poder.
Un primer caso sería el eje Rusia-China que está atrayendo hacia su órbita muchos otros menores pero aun así importantes polos.
Otro ejemplo sería el del polo USA-Gran Bretaña que también mantiene, en grado diverso, otros polos menores aglutinándose a su alrededor.
Como ya hemos indicado, estos dos polos (Rusia-China y América-Gran Bretaña) poseen por sí solos una fuerza gravitacional de tal calibre que no hay nadie más en el mundo que pueda presumir de ello, y la línea que divide a los dos polos es ahora el control sobre los recursos energéticos estratégicos.
De esta forma, la nueva configuración del orden mundial que viene es fundamentalmente bipolar en su naturaleza. Solo estos dos principales polos rivales pueden dictar, por su influencia gravitacional, los grandes cursos de acción alrededor del globo.
Dicho de otra forma, los mayores desarrollos a nivel global van a encajar en la estructura de la competición y rivalidad entre estos dos polos primarios.
La multipolaridad en general no es capaz de describir en su justa medida lo que sucede en el mundo real, que consiste en un retorno hacia la bi-polaridad junto con una inherente complejidad que se encuentra dentro de cada polo, especialmente en el polo emergente del Este.
Pero esto no es todo lo que el modelo multipolar deja en el tintero al intentar describir hacia donde se dirige el actual orden mundial.
La multipolaridad insinúa que ni un solo polo es desmedidamente dominante sobre los otros. Pero contrariamente a esa insinuación, la configuración bipolar que está surgiendo ahora va a facilitar definitivamente un significativo grado de control por uno de los polos, el que está surgiendo en el Este.
Sin embargo, la configuración del nuevo orden mundial todavía podrá ser descrita como bi-polar (no unipolar) porque el polo del Oeste, aunque se dirige hacia una situación bajo un importante grado de control del Este, éste no va a dominar absolutamente en todas las esferas, ni conseguirá ser colapsado completamente como hicieron con la Unión Soviética.
¿Como llegará el Oeste a ser controlado de esta forma por el Este? Mediante la consolidación de su control sobre las fuentes globales de energía el Este conseguirá un notable grado de independencia política, económica e incluso militar frente al Oeste, incluyendo a los Estados Unidos, que se han convertido en un desesperado adicto a los recursos energéticos y minerales del exterior. De hecho, el proceso de consolidación de los recursos energéticos globales y la consecuente pérdida de independencia de occidente ya está en proceso y se está incluso acelerando.
El eje ruso-chino está construyendo a pasos acelerados un eje global de gas y petróleo que incluye ya muchos exportadores netos de todo el globo. Tanto Rusia como China están extendiendo sus alas (o tentáculos como se prefiera) a lo largo y ancho para alcanzar al mayor número de países exportadores de petróleo y gas, tejiendo una red acuerdos entre los más importantes productores del mundo que van más allá de lo estrictamente energético para incluir la esfera militar también. Venezuela y Argelia son solo dos recientes ejemplos. Una estrategia global es cada día más clara y evidente, sin dejar por ello de ser convincente y brillante en sus planteamientos. De cualquier manera es imparable por parte de Occidente.
En la esfera militar y energética, la unión de la experiencia técnica rusa con sus abundantes recursos estratégicos incluidos más la enorme capacidad financiera y humana de China, y la extensión por todo el mundo de su influencia conjunta para reunir en su órbita a todos los exportadores mundiales de minerales, petróleo y gas, es un desafío de enormes consecuencias para el actual orden mundial.
Este eje, cuando se haya completado, formará un monopolio energético manejado desde Moscú y Pekín. Cada vez se les oye más hablar a estas dos piezas clave del eje hablar sobre la posibilidad de abandonar el dólar como divisa de referencia en las transacciones internacionales de energía. La consolidación eventual de un nuevo eje global de la energía resultará en pérdidas para el Oeste en varios aspectos fundamentales, y en un gran revés, que colocará al poliédrico Este en ventaja sobre el Oeste.
Rusia y China, los principales impulsores de lo que han denominado nuevo orden mundial multipolar, insisten en que no pretenden convertirse en un solo poder como el de los Estados Unidos. Sin embargo, es mera falsa modestia por su parte ya que están trabajando de forma inteligente y con decisión para construir las bases de un control global de los recursos estratégicos, que facilite el surgimiento de un nuevo orden mundial, un orden dirigido directamente contra la posición hegemónica global de los Estados Unidos.
Además, ahora saben muy bien que lo que se está configurando no es algo "multipolar" en su naturaleza, mediante una distribución más o menos uniforme de los centros de poder por todo el globo. Más bien, se han percatado de todo su potencial para poner en jaque energético a Occidente mediante la construcción, ya en marcha, de un eje global de la energía.
Consecuentemente, el movimiento hacia un equilibrio global (de unipolar a multipolar) excede ya la marca necesaria para ese equilibrio y mueve ficha energética hacia el ahora incipiente polo poliédrico del Este.
Junto a esta clara tendencia, también podrán darse sin lugar a dudas más guerras del petróleo como la librada en Iraq en el 2003, y "guerras" ideológicas como la Revolución Naranja del 2004, pero Occidente no podrá prevenir los hechos que aquí se describen y que ya están en proceso, en un plazo no superior a dos años, medido por la rapidez en que se desarrollan los acontecimientos.
Así, el orden mundial bipolar que está emergiendo no será para nada equilibrado o simétrico, con ambos polos compensándose de alguna manera el uno al otro. Se tratará más bien de un orden asimétrico, con el Este ascendente sobre un Oeste en decadencia.
Del fundamental análisis precedente del sistema geopolítico podemos ahora crear un nuevo y más exacto término que describa hacia donde se dirige el orden mundial:
Complejidad Asimétrica Bipolar se refiere a un orden mundial bipolar desigual que está surgiendo, donde el polo del Este es especialmente complejo en su naturaleza, consistiendo en muchos polos más pequeños alrededor de un núcleo constituido por el eje Rusia-China. Podemos incluso acuñar un nuevo término acortándolo a "asimplejidad", obviando el adjetivo "bipolar" ya que no es tan fundamental como el adjetivo "asimétrico", que ya implica una relación desigual entre dos partes (bipolar) con desigual tamaño y poder.
Asimplejidad (o complejidad asimétrica bipolar) describe a la perfección el nuevo orden mundial irregularmente bipolar que se está fraguando. |
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