Es posible hacerlo. Es importante hacerlo
En 1994, siete personas se concentraron en el Paseo de la Castellana de Madrid. Reclamaban el 0,7% del PIB en ayuda al desarrollo para erradicar la pobreza. Se fueron sumando otras personas y aquella iniciativa culminó en una “acampada” con más de 1.000 tiendas de campaña. Estas siete personas habían tomado el testigo de los movimientos que a finales de los años 60 reclamaban un 1 % de ayuda al desarrollo (el 0,7 % de origen público y el 0,3% restante de origen privado).
Desde entonces muchas han sido las campañas e iniciativas que han perseguido consolidar ese porcentaje de ayuda al desarrollo. Algunos estados, ciudades y corporaciones públicas lo han alcanzado. Incluso unos pocos (entre los que se cuenta alguna administración española) lo han superado.
Aquella reivindicación del 0,7% ha ido seguida de otras, como la condonación de la deuda, la reforma de los mecanismos del comercio mundial, etc. Para muchos de los que estamos en ese empeño desde hace tiempo, el 0,7% nos parece poco, pero a la vez nos parece imprescindible.
No hay una justificación para permitir la pobreza y el subdesarrollo. Hace tiempo que a los países desarrollados les sobran los medios necesarios para erradicar la pobreza. Resulta incomprensible, por tanto, que no se empeñen en ello. Lo opuesto a la pobreza no es la riqueza, lo opuesto a la pobreza es el desarrollo. La capacidad y la posibilidad de los pueblos de alcanzar un desarrollo armónico y sostenible. Y no existe desarrollo sin justicia.
Las injustas (in-humanas) estructuras económico-políticas imperantes hoy en día, impiden que las sociedades víctimas de la pobreza alcancen, por sí solas, el tren del desarrollo. Precisan de la reforma de esas estructuras, precisan de la implementación de proyectos que promuevan el desarrollo, precisan de una actitud responsable y de iniciativas solidarias de las sociedades del norte. Es preciso una actitud, una filosofía, pero son necesarios los medios materiales para llevar a término proyectos en los países del sur.
Deberíamos comenzar a considerar como imprescindible una actitud solidaria, una forma de vida sostenible y respetuosa con todas las formas de vida y deberíamos comenzar a compartir, a restituir, los medios económicos. Compartimos un mismo planeta, nos calienta el mismo sol, nos envuelve el mismo aire y la misma agua que se evapora en un lugar es la que llueve en otro. Deberíamos convertir en lo más normal el compartir, también, los bienes materiales.
La ciudad de Valencia es la sede de la 32ª edición de la America’s Cup. Es el mayor evento deportivo que se realiza en el Mar. Puede ser un buen momento para trazar una línea divisoria, para establecer un antes y un después. Comencemos por una competición de vela…que después alcance a otras manifestaciones deportivas. Después del mundo del deporte, podríamos extender esa solidaridad del compartir a otros ámbitos para terminar abarcando cualquier actividad. Comencemos en Valencia en 2007. La sociedad valenciana ha demostrado sobradamente que es solidaria con otros pueblos, sobre todo con los que más padecen las consecuencias de la pobreza y la falta de desarrollo. Los ciudadanos aspiramos a que se atienda y canalice nuestra actitud solidaria plasmándose en realizaciones concretas y tangibles
Que nadie diga que no es posible prescindir de un 0,7% del presupuesto de cualquier actividad, porque detraer esa cantidad la haría inviable. Si utiliza ese argumento, nadie le creerá.
Solicitamos que se destine el 0,7%, como mínimo, de los fondos estatales, autonómicos y municipales a proyectos de ayuda al desarrollo.
Solicitamos que se destine el 0,7%, como mínimo, del presupuesto de los organismos directamente implicados en la organización de la America’s Cup, a proyectos de ayuda al desarrollo.
Solicitamos que se destine el 0,7%, como mínimo, de las empresas (patrocinadoras o no del evento) a proyectos de ayuda al desarrollo.
Es posible hacerlo. Es necesario hacerlo.
Eduardo Abarca
Iniciativa Valencia 0,7
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